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Versículo principal: Apocalipsis 7:9
“Después de esto vi una enorme multitud de todo pueblo y toda nación, tribu y lengua, que era tan numerosa que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y delante del Cordero.”
Apocalipsis 7:9
La Biblia nos muestra que el corazón de Dios siempre ha estado dirigido hacia las naciones. No importa nuestro país, cultura, idioma o historia: Dios ama a cada persona y desea que todos conozcan su amor y reciban la salvación que encontramos en Jesucristo.
Apocalipsis 7:9 nos permite mirar por un momento hacia el futuro y contemplar una multitud de todas las naciones, tribus y lenguas adorando delante del trono de Dios. Esto nos recuerda que el evangelio no pertenece a una sola cultura ni a un solo pueblo. El mensaje de Cristo es para todo el mundo.
DIOS AMA A TODAS LAS NACIONES
Juan 3:16 nos revela la profundidad del amor de Dios:
“Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”
El amor de Dios no está limitado por fronteras. Él ama a las familias de Latinoamérica, Estados Unidos, Europa, Asia y de cada rincón de la tierra.
Desde Génesis vemos el deseo de Dios de bendecir a las naciones. Dios le dijo a Abraham:
“Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti.”
Génesis 12:3
Esta promesa encuentra su cumplimiento en Jesucristo, porque por medio de Él la salvación está disponible para todas las personas.
Tal vez hoy estés atravesando una situación difícil o sientas que Dios se ha olvidado de ti. No lo dudes: Dios te ama. Su deseo no es tu destrucción, sino que conozcas su amor, camines en sus caminos y encuentres en Él esperanza.
DIOS NOS LLAMA A SER LUZ
Cuando recibimos a Cristo, nuestra historia no termina; comienza una nueva misión.
Isaías 60:1 dice:
“Levántate, Jerusalén, que brille tu luz, para que todos la vean, pues la gloria del Señor se levanta para resplandecer sobre ti.”
Dios nos llama a levantarnos y resplandecer. Nuestra luz debe ser visible en nuestra familia, trabajo, vecindario y comunidad.
Jesús también nos dejó una misión clara:
“Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones…”
Mateo 28:19
Ser misionero no significa necesariamente viajar a otro país. Nuestro campo misionero también está donde vivimos cada día.
Hay personas a nuestro alrededor que necesitan escuchar una palabra de esperanza, experimentar amor y conocer que Jesucristo transforma vidas.
Nuestra manera de vivir, servir, ayudar, escuchar y compartir el evangelio puede convertirse en una puerta para que otros conozcan a Cristo.
EL EVANGELIO ES PARA LAS GENERACIONES
Dios no solamente quiere trabajar en nuestra vida; también desea que su verdad alcance nuestras familias y generaciones.
Lo que Dios ha hecho en nosotros puede convertirse en un testimonio para nuestros hijos, familiares, amigos y para aquellos que vienen después de nosotros.
Por eso debemos permanecer firmes, sirviendo y llevando el mensaje de Cristo mientras tengamos oportunidad.
La iglesia está llamada a ser una iglesia que ama, sirve, ora y lleva esperanza a su comunidad.
No debemos encerrarnos dentro de las cuatro paredes de un templo. Hay personas afuera que necesitan escuchar el evangelio y experimentar el amor de Dios.
Cada acto de servicio puede convertirse en una oportunidad para mostrar a Cristo.
LA SALVACIÓN ESTÁ EN JESUCRISTO
El mayor propósito de la misión de la iglesia no es simplemente ayudar a las personas en sus necesidades, sino llevarlas a conocer a Jesucristo.
Jesús dijo:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.”
Juan 14:6
No somos salvos por nuestras buenas obras ni por pertenecer a una determinada cultura o nación. La salvación es un regalo de Dios que recibimos por medio de la fe en Jesucristo.
Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó al tercer día y hoy nos invita a recibir su amor y comenzar una nueva vida con Él.
Por eso, mientras celebramos nuestras raíces, nuestra cultura y nuestra identidad, nunca debemos olvidar lo más importante: Jesucristo es el centro.
El corazón de Dios late por la salvación de las naciones. Y nosotros, como iglesia, tenemos el privilegio de ser parte de esa misión.
ORACIÓN FINAL
Padre amado, gracias porque tu amor alcanza a todas las naciones y porque en Jesucristo encontramos salvación y esperanza. Ayúdanos a ser luz dondequiera que estemos y a compartir tu amor con quienes aún no te conocen.
Aviva tu Iglesia, fortalece nuestra fe y úsanos para llevar tu Palabra a nuestras familias y comunidades. Que nuestras vidas glorifiquen siempre el nombre de Jesús.
Amén.
Atentamente, Pastor Guillermo Ayala

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