DE LA LECHE AL ALIMENTO SÓLIDO

por Feb 19, 2024

Tiempo de lectura estimado: 5 minutos.

Hemos estado hablando en nuestra Serie Hambre y Sed, Aumentando nuestro apetito por las cosas de Dios, como la Biblia habla de nuestro crecimiento espiritual en términos que podemos entender fácilmente. Podemos decir que así como crecemos en lo que podemos comer, también debemos crecer en nuestro caminar con Dios, pasando de solo tomar leche a comer alimentos sólidos.

Tengo tres nietos, Emily de 4 años, Mattías de 9 meses y Liam, que hoy apenas tiene 3 días. Qué emoción, me ayudarán a representar cómo van cambiando su alimentación a medida que crecen. Liam en estos momentos depende enteramente de la leche materna, Mattias ya ha empezado su transición a comer alimentos más sólidos y, por supuesto, Emily ya puede comer toda clase de alimento.

DEBEMOS PROCURAR ALCANZAR LA MADUREZ. De la misma manera, aquellos que son espiritualmente inmaduros solo pueden ocuparse de asuntos espirituales más simples; esto no es algo malo cuando una persona es un nuevo converso. Sin embargo, si una persona permanece en este estado de infancia espiritual, cuando debería haber crecido lo suficiente como para manejar su propio “alimento” espiritual más sólido, entonces solo se puede culpar a sí mismo (Efesios 4:11–15). Según el escritor de Hebreos, la audiencia que iba a recibir esa carta iba a perderse algunos de los temas más profundos que estaba compartiendo con ellos (Hebreos 5:11), ya que los considera “lentos”. En este contexto, esa “lentitud” se refiere a la pereza y la apatía, no a la inteligencia.

Así como un niño tiene que ser entrenado para llegar a comer alimentos sólidos, también la madurez espiritual del cristiano debe crecer a través del esfuerzo y la experiencia. El versículo anterior usaba el término apeiros para describir a estos bebés espirituales, un término que significa que son inexpertos o que carecen de ciertas habilidades. La madurez espiritual no tiene nada que ver con la edad, ya que es posible seguir siendo un cristiano inmaduro durante mucho, mucho tiempo. Más bien, la madurez implica desarrollar la capacidad de poner en práctica nuestra fe.

Una característica básica de la madurez es la responsabilidad, lo que significa que esa persona será ocupada, puntual, que emplea bien su tiempo, y no está buscando solo ser entretenida. El maduro es aquel que planea, es eficaz y eficiente en lo que emprende, entre otras cosas. La madurez espiritual es dejar atrás la mente, el comportamiento, las necesidades y los caprichos de niño.

EL VERDADERO CREYENTE DEBE CRECER Y DAR FRUTO. No puedes seguir actuando como actuabas en el mundo antes sin el temor de Dios; debe haber un cambio en el crecimiento, hablamos de madurar, nuestra manera de actuar va a cambiar, nuestra manera de reaccionar a las cosas debe estar permeada, saturada mejor dicho de la presencia de Dios, de la guía de su Espíritu Santo.

En cuanto a dar fruto, lo podemos ver desde dos puntos, por lo menos. Uno, en el área personal, frutos dignos de arrepentimiento, tiene que ver con nuestra conducta diaria, el mantener un buen testimonio ahora que somos creyentes, la formación del carácter, etc. Y por otra parte, llevar fruto para la gloria de Dios, ganando almas, compartiendo el evangelio donde quiera que andemos, ayudando al prójimo, sirviendo en la congregación, etc., entre otras cosas. El Salmo 1 nos da una figura fantástica y compara al cristiano con un árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae. Se refiere al cristiano maduro, al que ha ido ejercitando sus sentidos espirituales, para ir siendo formado a la imagen de Cristo. Claro que nunca llegaremos a ser 100% como el Señor, pero se espera que a medida que pasa el tiempo el cristiano crezca tanto en conocimiento, en gracia y en sabiduría y eso se refleje en el estilo de vida que lleva.

LA MADUREZ ESPIRITUAL DEPENDE DE UNA RELACIÓN ÍNTIMA CON ÉL. La salvación que se realiza por medio del Espíritu Santo es solo el inicio de una vida de comunión con el Señor. No podemos pretender quedarnos allí; hay que cultivar una relación “personal” con nuestro buen Dios. Siempre recomiendo a mi congregación que empiecen el día con Jesús, que le dediquen los primeros minutos de su día, de su semana. Tenemos que ser intencionales si queremos desarrollar una relación íntima y cercana. Esto no se da automáticamente; hay que apartar tiempo, hay que hacer tiempo para venir a la iglesia el día domingo, sí, estar en el discipulado de media semana, sí, en el grupo de amistad con los demás hermanos, también, pero eso no debe sustituir tu tiempo a solas con Dios. Deja que Él se manifieste en tu vida, te hable a través de la lectura, meditación y estudio de su Palabra. Combinar la lectura de la Palabra de Dios con la oración ha sido una clave importante en mi vida espiritual. Así que te recomiendo que hagas lo mismo, deja que su presencia hermosa te inunde cada día, y te llene de su amor, de su paz incomparable y aunque estés pasando el valle de sombra, de muerte, tu corazón no temerá, porque estará confiado plenamente en aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Atentamente, Pastor Guillermo Ayala.

  • Heb. 5:12-14

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