AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO
Tiempo de lectura: 5 minutos
Versículo principal: Mateo 22:39
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” — Mateo 22:39 RVR60
Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el gran mandamiento, Él respondió:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y gran mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” — Mateo 22:37-39
Jesús dejó claro que estos dos mandamientos están profundamente unidos. El amor a Dios no puede separarse del amor al prójimo.
AMAR AL PRÓJIMO ES INSEPARABLE DE AMAR A DIOS
Jesús llamó al amor al prójimo el segundo mandamiento, pero dijo que es semejante al primero. Esto significa que tiene un peso y una importancia que no podemos ignorar.
Amar a nuestro prójimo no siempre es fácil. El prójimo es la persona que tenemos cerca: nuestra familia, nuestro esposo o esposa, nuestros hijos, nuestros compañeros de trabajo y también aquellas personas con las que podemos tener diferencias.
Precisamente allí se demuestra nuestro amor.
Podemos decir que amamos a Dios, asistir a la iglesia y conocer Su Palabra, pero Jesús nos llama a demostrar ese amor en la manera en que tratamos a quienes están a nuestro alrededor.
El amor a Dios debe reflejarse en nuestras relaciones.
DECIDE SER PRÓJIMO
Una de las enseñanzas centrales del mensaje es que no debemos esperar que los demás sean buenos con nosotros para comenzar a hacer el bien.
Debemos decidir de antemano ser prójimos.
Así como una persona puede decidir quién quiere llegar a ser y comenzar a vivir de acuerdo con esa decisión antes de alcanzar su meta, nosotros también podemos decidir vivir como personas que aman, sirven y hacen el bien.
No podemos controlar cómo actuarán los demás, pero sí podemos decidir cómo responderemos nosotros.
Ser prójimo significa elegir amar aun cuando no sea fácil, servir aun cuando no recibamos reconocimiento y hacer el bien sin esperar que la otra persona lo haga primero.
EL AMOR SE DEMUESTRA CON HUMILDAD
Filipenses 2:3-4 nos enseña:
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.”
El amor verdadero requiere humildad.
Jesús mismo nos dio el ejemplo. Aunque era el Maestro, tomó un lugar de siervo y lavó los pies de sus discípulos.
Eso nos enseña que amar no significa buscar demostrar que somos superiores, tener siempre la razón o recordarles a otros todo lo que hemos hecho por ellos.
La humildad nos lleva a servir sin vanagloria y a reconocer que todo lo bueno que podemos hacer también es resultado de la gracia de Dios.
Cuando ayudamos a alguien, no necesitamos decir: “Todo me lo debes a mí”. Podemos reconocer: “Por la gracia de Dios pude ayudarte.”
El amor no busca superioridad; busca servir.
NO PODEMOS DECIR QUE AMAMOS A DIOS Y VIVIR EN ODIO
La Primera Carta de Juan presenta una verdad muy seria:
“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.” — 1 Juan 2:9
Nuestra relación con Dios debe transformar la manera en que nos relacionamos con los demás.
Si guardamos odio, resentimiento, rechazo o una actitud irreconciliable hacia nuestro hermano, necesitamos permitir que Dios examine nuestro corazón.
Esto no significa ignorar las heridas ni permitir abusos o injusticias. Significa que no podemos permitir que el odio gobierne nuestro corazón.
El evangelio también debe verse en nuestras relaciones.
Como iglesia, nuestro testimonio no solamente está en lo que predicamos, sino también en la manera en que nos tratamos unos a otros.
Cuando una persona observa amor, unidad, humildad y servicio entre los creyentes, puede ver una expresión del carácter de Cristo.
ORACIÓN
Señor Jesús, ayúdame a amarte con todo mi corazón y a demostrar ese amor en la manera en que trato a mi prójimo. Examina mi corazón y quita de mí todo resentimiento, orgullo, odio o actitud que no refleje tu carácter. Enséñame a caminar en humildad, a servir sin buscar reconocimiento y a hacer el bien sin esperar que otros lo hagan primero. Ayúdame a decidir cada día ser un verdadero prójimo para quienes has puesto a mi alrededor. Que mi vida y mis relaciones puedan reflejar tu amor y que, a través de mí, otros puedan conocer tu corazón. En el nombre de Jesús. Amén.
También puedo hacerte una versión más evangelística, manteniendo estos mismos cuatro puntos centrales y con un cierre más fuerte para personas que todavía no conocen a Cristo.
Atentamente, Pastor Guillermo Ayala

0 comentarios