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Versículo principal: Salmo 24:1
“La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes le pertenecen.”
Muchas veces reconocemos a Jesús como nuestro Salvador, pero necesitamos preguntarnos algo más profundo: ¿es también el Señor de toda nuestra vida?
La salvación nos recuerda que Cristo nos compró con su sangre, pero su señorío nos llama a entregarle cada área de nuestra vida. No se trata solamente de creer en Él, sino de aprender a vivir bajo su dirección, obediencia y autoridad.
TODO LE PERTENECE A DIOS
El Salmo 24:1 nos recuerda una verdad fundamental: todo pertenece al Señor.
Nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestros recursos, nuestra familia y cada oportunidad que tenemos son regalos que Dios ha puesto en nuestras manos.
No somos dueños absolutos; somos administradores.
Cuando entendemos esto, cambia nuestra manera de vivir. Dejamos de decir: “Esta es mi vida y hago lo que quiero”, y comenzamos a decir: “Señor, mi vida es tuya. Muéstrame cómo vivirla para tu gloria.”
Además, Cristo no solamente nos creó; también nos redimió. Él pagó un precio por nosotros. Por eso podemos declarar con gratitud:
“Yo pertenezco al Señor.”
SU SEÑORÍO IMPLICA FIDELIDAD
En Mateo 25 encontramos la parábola de los talentos. El Señor entregó diferentes recursos a sus siervos y después regresó para pedirles cuentas de lo que habían hecho con ellos.
Esto nos enseña que Dios no solamente mira lo que recibimos, sino cómo administramos lo que recibimos.
¿Qué estás haciendo con el tiempo que Dios te dio?
¿Qué haces con tus talentos?
¿Cómo administras tus recursos?
¿Cómo estás utilizando las oportunidades que Él pone delante de ti?
Dios no quiere que escondamos lo que nos ha confiado. Él desea que lo usemos para producir fruto.
Incluso nuestras finanzas forman parte de nuestra vida espiritual. La manera en que administramos el dinero puede revelar dónde está nuestro corazón.
Por eso, no debemos separar nuestra vida espiritual de nuestra vida cotidiana. Orar es espiritual, leer la Palabra es espiritual, pero también lo es administrar correctamente aquello que Dios puso en nuestras manos.
CUANDO ÉL ES SEÑOR, SU PODER OBRA EN NOSOTROS
Marcos 16:20 dice que los discípulos salieron a predicar y que “el Señor actuaba por medio de ellos”.
Qué hermosa verdad: ellos obedecieron, pero Dios obró a través de ellos.
Cuando dejamos de depender solamente de nuestras propias fuerzas y nos sometemos al señorío de Cristo, descubrimos que no tenemos que enfrentar solos las batallas de la vida.
Hay situaciones que no podemos resolver con nuestra capacidad, nuestra inteligencia o nuestros recursos. Pero lo que es imposible para nosotros no es imposible para Dios.
Cuando Cristo es realmente nuestro Señor:
- El miedo pierde poder.
- La ansiedad comienza a debilitarse.
- Nuestro propósito se vuelve más claro.
- Aprendemos a depender de Dios.
- Su poder puede manifestarse a través de nuestra obediencia.
El señorío de Cristo no es una carga; es una llave que nos conduce a la verdadera libertad.
REFLEXIÓN
Hoy pregúntate sinceramente:
¿Cristo solamente es mi Salvador, o también es el Señor de toda mi vida?
Tal vez hay un área que todavía estás intentando controlar: tu familia, tus decisiones, tus finanzas, tu futuro, tu trabajo, tus emociones o algún sueño personal.
Hoy puedes entregársela.
No necesitas entender todo lo que Dios hará. Solo necesitas reconocer quién es el dueño y confiar en Él.
ORACIÓN
Señor Jesús, hoy reconozco que Tú eres el Señor de mi vida. Todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece. Perdóname por las áreas que he intentado controlar sin tomarte en cuenta. Hoy quiero entregarte mis decisiones, mis recursos, mis talentos, mi tiempo y mi futuro. Enséñame a vivir bajo tu autoridad y a ser un administrador fiel de todo lo que me has confiado. Obra en mí y a través de mí para tu gloria. Ayúdame a confiar en tu poder y no solamente en mis propias fuerzas. Desde hoy declaro: Tú eres mi Señor y mi Salvador. En el nombre de Jesús. Amén.
Atentamente, Pastor guillermo Ayala

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