Semana 1: Todo es de Él
Tiempo de lectura: 5–7 minutos
Texto principal: Salmo 24:1 (RVR1960)
“De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan”.
Introducción
¿De quién es tu casa, tu carro, tu salario o todo aquello que has conseguido con esfuerzo? Nuestra respuesta habitual suele ser: “Es mío”. Sin embargo, la Biblia nos invita a mirar nuestras posesiones desde otra perspectiva: todo pertenece a Dios.
La generosidad comienza cuando comprendemos que Dios es el dueño de todo y nosotros somos sus administradores. Por eso, cuando hablamos de diezmos, ofrendas o de cómo utilizamos nuestros recursos, la pregunta no debería ser: “¿Cuánto de lo mío le doy a Dios?”, sino: “¿Cómo estoy administrando lo que le pertenece a Él?”.
Dios es el dueño de todo
La Biblia comienza declarando que Dios creó los cielos y la tierra (Génesis 1:1). Como Creador, Él es el dueño de todo lo que existe. En el Salmo 50:10-12, el Señor declara que los animales y todo cuanto hay en el mundo le pertenecen. Asimismo, en Hageo 2:8 afirma: “Mía es la plata, y mío es el oro”.
Nosotros también le pertenecemos. Fuimos creados por Él y comprados por precio, como enseña 1 Corintios 6:19-20. Por lo tanto, nuestra vida y nuestras posesiones deben estar bajo su autoridad.
Cuando reconocemos que Dios es el dueño, dejamos de vivir creyendo que todo depende exclusivamente de nosotros y comenzamos a administrar con responsabilidad aquello que Él ha puesto en nuestras manos.
Todo lo que tenemos viene de su mano
En 1 Crónicas 29:14, David reconoce que todo lo que el pueblo había ofrecido para la construcción del templo provenía de Dios. Por eso declara: “Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos”.
David entendía que la ofrenda no era algo que Dios necesitaba recibir de ellos como si le estuvieran dando algo que nunca le había pertenecido. Era una respuesta de gratitud por todo lo que habían recibido.
De la misma manera, nuestras capacidades, talentos y oportunidades también provienen del Señor. Deuteronomio 8:18 nos recuerda que es Dios quien nos da la capacidad para obtener las riquezas, mientras que Santiago 1:17 enseña que toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto.
Por eso, no debemos vivir con orgullo, como si todo lo hubiéramos conseguido únicamente por nuestras propias fuerzas. Cada recurso y cada oportunidad son motivos para agradecer a Dios y reconocer su provisión.
Dar es una expresión de adoración
Cuando comprendemos que todo pertenece a Dios, nuestra manera de dar cambia. La generosidad deja de sentirse como una pérdida y se convierte en una expresión de adoración, gratitud y confianza en el Señor.
En 1 Crónicas 29:9 vemos que el pueblo se alegró al dar voluntariamente para la obra de Dios. No dieron solamente por obligación, sino con un corazón dispuesto y gozoso.
Quien entiende que es administrador y no dueño absoluto aprende a soltar con mayor libertad. Esto también nos ayuda a confiar en Dios cuando atravesamos tiempos difíciles, recordando las palabras de Job 1:21: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”.
La verdadera generosidad no comienza con la cantidad que entregamos, sino con una convicción en nuestro corazón: todo es de Dios y queremos honrarlo con lo que Él nos ha confiado.
Administradores, no propietarios
Imagina a un hombre que conduce un automóvil de la empresa donde trabaja. Lo mantiene limpio, le pone gasolina y lo utiliza responsablemente, respetando las indicaciones de su jefe. No se le ocurriría venderlo ni regalarlo, porque sabe que no es suyo.
De la misma manera, debemos administrar todo lo que Dios nos ha confiado: nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestras posesiones. No somos dueños absolutos, sino administradores llamados a actuar con cuidado, gratitud y obediencia a la voluntad del Señor.
Aplicación práctica
Esta semana, dedica un momento a revisar tu corazón y la manera en que administras lo que Dios te ha dado.
- Haz una lista de tus principales posesiones. Incluye tu casa, tu vehículo, tus ingresos, tus talentos y otros recursos importantes. Escribe al lado de cada uno: “Esto es de Dios”.
- Ora y busca la dirección del Señor. Pregúntale: “Señor, ¿qué quieres que haga con lo que es tuyo?”.
- Acepta el reto semanal. Identifica un área de tu vida, ya sea tu tiempo, tu dinero o tus talentos, que hayas tratado como exclusivamente tuya, y entrégasela a Dios en oración.
Oración final
Señor, hoy reconozco que todo te pertenece. Gracias por mi vida, por mis recursos, por mis talentos y por cada oportunidad que has puesto en mis manos. Perdóname si he vivido creyendo que todo es mío y he olvidado que Tú eres el dueño de todo. Enséñame a administrar con sabiduría, a dar con alegría y a vivir con un corazón agradecido. Muéstrame cómo puedo honrarte con mi tiempo, mis finanzas y mis capacidades. Que mi generosidad sea una expresión de mi amor y mi confianza en Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Atentamente, Pastor Guillermo Ayalla.

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